1) ¿Qué
es la hiperactividad?
La Hiperactividad es una tara
congénita. En estudios realizados sobre la heredabilidad
de la conducta en el perro doméstico, se ha comprobado
que hay un factor peligroso que se hereda con toda facilidad,
que se corre como el fuego y se extiende de generación
en generación. Es el factor miedo y este factor
engloba características tan indeseables como
la cobardía, hiperactividad, hiperquinesis, emocionalidad
alta, tendencia a las fobias ontogenéticas, fobias
innatas, mala capacidad de aprendizaje súbito
y más caracteres que disminuyen tremendamente
la valía del animal (Pozuelos, 2.006).
El concepto de heredabilidad hace referencia a la proporción
de variabilidad de un determinado carácter que
es debida a factores genéticos, y oscila entre
0 y 1. Por consiguiente, un valor del 0,5 significa
que el 50% de la variabilidad de un carácter
se debe a factores genéticos y el otro 50% a
factores ambientales. Las estimaciones de heredabilidad
del miedo en el perro domestico, pese a ser variable,
oscilan a menudo entre el 0,4 y 0,5 (Manteca, 2003).
Quiero recordar que el comportamiento es el resultado
de interacciones complejas entre genes y características
medioambientales.
La hiperactividad con frecuencia
es el resultado de una estimulación insuficiente.
Podemos definir la falta de estimulación como
las pocas oportunidades que se le dan al animal de utilizar
y desarrollar sus habilidades innatas y satisfacer sus
necesidades. Cuando el perro no utiliza sus destrezas
o no satisface sus necesidades de forma adecuada, es
muy probable que reaccione de modo excesivo en la primera
oportunidad que se le presente (Abrantes, 1.997).
La Hiperactividad se observa en perros que no muestran
unas pautas de actividad rutinarias a lo largo del día,
sino que se pasan la mayor parte del tiempo reaccionando
con un ejercicio exagerado ante cualquier estímulo.
Es debida sobre todo a una falta de rutina, jerarquización
y ejercicio físico en la vida del animal y la
podemos ver en ejemplares muy energéticos que
salen poco de casa y saltan sin parar llamando la atención
(Pozuelos y Álvarez, 2.007).
La hiperactividad también se debe, ocasionalmente,
a una enfermedad que recibe el nombre de hiperquinesis
y aparentemente tiene varias similitudes con el denominado
Déficit de Atención en las personas (una
marcada falta de atención y de continuidad en
las tareas, impulsividad, agresividad, etc.). La hiperquinesis
es un trastorno infrecuente y se debe a una disfunción
de las vías nerviosas dopaminérgicas del
sistema límbico; además es muy probable
que estos neurotransmisores, especialmente la serotonina
y la noradrenalina estén también implicados
en el problema. Frecuentemente son animales agresivos
y no responden al adiestramiento. Otra causa de la hiperquinesis
estaría en la ingestión de plomo por parte
del perro, aunque también esto es bastante infrecuente
(Manteca, 2003).
Para la detección de la hiperquinesis, puede
realizarse un test consistente en la administración
de metilfenidato, que es una anfetamina. Este compuesto
tiene efectos estimulantes sobre el sistema nervioso
central, pero los perros con hiperquinesis muestran
una respuesta paradójica. En un principio se
le administraría una dosis baja (0,05-0,25 mg/kg,
cada 12 horas) que se iría aumentando progresivamente
hasta obtener un efecto visible. Si tras la administración
de este fármaco el perro responde con una mayor
excitación el diagnostico es negativo, por el
contrario, si el perro muestra una conducta más
calmada de lo habitual, el diagnóstico es positivo
(Manteca, 2003).
Para llegar a un diagnóstico
certero, hay que realizar una anamnesis detallada en
busca de información sobre el ambiente en que
se mueve el animal, su rutina diaria y la realización
o no de ejercicio físico. También habría
que saber si el perro tiene acceso a alguna fuente de
plomo. Dependiendo del resultado de la misma estaremos
ante un problema de hiperactividad o bien de sobreactividad.
2) ¿Qué es la sobreactividad?
La sobreactividad es común
y representa una abundancia de la conducta motivada
normal, aunque mal encaminada o problemática
para el propietario. A menudo se combina con la conducta
de búsqueda de atención (Bowen, 2002).
Hay muchos perros que son catalogados
como hiperactivos cuando no lo son, simplemente porque
muestran unos niveles de actividad más elevados
que la media en la raza y la población (Abrantes,
1997). Hay que tener presente que el nivel de actividad
varía dependiendo de varios factores como la
edad y la raza (Manteca, 2003).
3) Otros factores que
contribuyen a niveles elevados de actividad.
Antes he comentado que la hiperactividad
va conectada con la filogenia del individuo y ahora
voy a nombrar algunos factores que considero importantes
desde la ontogenia del individuo que contribuyen a niveles
elevados de actividad. Son los siguientes:
- Problemas por causa orgánica,
por ejemplo de alergia (Abrantes, 1997).
- Problemas en la dieta, por un
exceso en la toma de calorías e incluso por hipersensibilidad
nutricional (Bowen, 2002).
- La separación de la madre
a una edad temprana (Manteca, 2003), antes de las 8-10
semanas. Un ejemplo de lo anterior serían los
perros que se venden en las tiendas de los animales.
Estos perros muchas veces se suelen vender con más
de tres meses de edad, perdiéndose por completo
el periodo de socialización, siendo este un factor
de riesgo para que el animal en un futuro desarrolle
problemas de comportamiento como por ejemplo, agresividad
tanto a nivel interespecífico como intraespecífico.
Quiero recordar que la fase de socialización
empieza a los 21 días y termina a las 12 semanas,
aunque estos límites muestran una cierta variabilidad
entre razas y entre individuos de una misma raza (Manteca,
2003).
- Por falta de estimulación
tanto física como mental.
- El Aprendizaje que tenga el
animal. Aquí entrarían las conductas reforzadas
por el propietario, voluntaria o involuntariamente y
las que el propietario le deja hacer al perro por no
tomar medidas al respecto. Hay que tener presente que
los perros siempre están aprendiendo. El aprendizaje
es como la propia Evolución: larga, imparable
y continua (Pozuelos y Álvarez, 2007).
4) Diferencias entre la hiperactividad y la sobreactividad
• HIPERACTIVIDAD.
- Es heredable.
• Los síntomas
son los siguientes:
• El perro
es incapaz de relajarse incluso sin estimulación
(Pozuelos y Álvarez, 2007).
• Los ritmos
cardiaco y respiratorio así como la temperatura
están elevados incluso en periodos de descanso
(Pozuelos y Álvarez, 2007).
• Búsqueda
de atención no común (Bowen, 2002).
• Es independiente
del propietario y del entorno (Pozuelos y Álvarez,
2007).
• La actividad
no tiene propósito ni control. Hay falta de concentración
y los ejercicios no se completan (Pozuelos y Álvarez,
2007).
•Conducta
destructiva independientemente de que sea en presencia
o ausencia del propietario (Manteca, 2003).
- El tratamiento tiene dos vertientes,
farmacológica y conductual.
• SOBREACTIVIDAD
- No es heredable.
- Los síntomas son los
siguientes:
• Muestra
una habilidad normal para dormir y descansar, aunque
el tiempo total de descanso puede ser menor de lo habitual
(Bowen, 2002).
•Los ritmos
cardiaco y respiratorio, así como la temperatura
varían normalmente con el nivel de actividad
(Bowen, 2002).
•Frecuente
búsqueda de atención (Bowen, 2002).
•La actividad
tiene un claro propósito. Se concentra en una
tarea para completarla (Bowen, 2002).
• Los periodos
de actividad normalmente se relacionan con estímulos
o eventos (Bowen, 2002).
- El tratamiento solo tiene una
vertiente, la conductual.
5) TRATAMIENTO.
Lo primero, habría que
descartar que la hiperactividad fuera por una causa
orgánica por lo que el perro debería ser
examinado en busca de trastornos endocrinos, neurológicos
y metabólicos. Si hay una clara relación
entre el periodo de hiperactividad y los momentos de
la comida, se deberían examinar causas médicas
como la hipoglucemia y disfunción metabólica
(Bowen, 2002).
El tratamiento conductual es el
mismo para la hiperactividad como para la sobreactividad,
lo único que cambia es que en la hiperactividad
se puede tratar al animal con el fármaco metilfenidato.
Cuando tengamos efecto durante un tiempo podemos intentar
quitar el medicamento poco a poco, nunca de golpe.
La terapia conductual sería
la siguiente:
- Eliminación del castigo
positivo en la vida diaria del animal, por estas dos
causas: dicho castigo en vez de suprimir la conducta
la puede reforzar no eliminándola o bien puede
subirle los niveles de ansiedad al perro agravando la
situación.
- Establecer unas rutinas al perro.
Tienen que quedar bien marcadas las horas para hacer
sus necesidades, ejercicio físico, juego e interacciones,
comida y descanso.
- Estimulación
física.
Una vez determinado el nivel de
actividad normal conforme a la raza y edad del perro
hay que establecer un plan de ejercicio programado y
controlado para disminuir sus niveles de ansiedad. Este
no debe ser ni demasiado escueto ni tampoco excesivo,
sino el justo (Pozuelos y Álvarez, 2007). Es
muy importante la estimulación física
de animal mediante la realización de paseos,
ya que esto hará que le baje es estrés.
En muchos casos es muy útil que el propietario
siga un programa de Agility con su perro (Bowen, 2.002;
Manteca, 2003).
Hay que tener presente que el
ejercicio físico aumenta los niveles de serotonina
en sangre y relaja al animal, a la vez que le permite
desarrollar su conducta exploratoria, lo que los equilibra
física y mentalmente, amén de que puede
prevenir otros problemas de comportamiento.
Bajarle los niveles de estrés
al perro es muy importante ya que algunos experimentos
realizados recientemente sobre el efecto del estrés
crónico en el perro indican que-además
de los cambios hormonales propios de la respuesta de
estrés-, se producen una serie de cambios de
conducta. Estos cambios incluyen un aumento de la frecuencia
de micción, en la conducta de acicalamiento y
en la actividad locomotora, así como una mayor
incidencia de coprofagia. Además, los perros
sometidos a estrés crónico parecer reaccionar
con una mayor agresividad cuando se enfrentan a un estrés
agudo (Manteca, 2003).
- Estimulación
mental.
Hay que proporcionarle juguetes
interactivos cuando el perro este solo (Pozuelos y Álvarez,
2007). Los juguetes interactivos son muy eficaces para
que el animal esté entretenido, por ejemplo los
kongs u otros específicos para este fin. Estos
serán rellenados de alimento muy apetitoso para
él, de manera que el perro pueda ocupar su tiempo
intentando alcanzar el contenido de estos juguetes (también
se le puede dar un hueso crudo de rotula de vaca ya
que esto tiene calcio, etc., la cuestión es que
esté entretenido). Los juguetes interactivos
van muy bien también para perros con síntomas
de destrucción ya que mientras están comiendo
o chupando el Kong no pueden al mismo tiempo estar destruyendo
por ejemplo, el sofá de casa, realizando de esta
manera una respuesta incompatible.
También el ponerle unas
bolitas de pienso o bien trocitos de franfurt o queso
por las esquinas de la casa para que el perro se entretenga
en buscarlas va muy bien. Se le puede enseñar
a hacerlo de la siguiente manera: se le esconden en
lugares que pueda encontrarlas con mucha facilidad muchas
bolitas de pienso y seguidamente se le guía al
perro señalándoselas con un dedo a que
las encuentre. A base de unas cuantas repeticiones,
el perro voluntariamente irá a buscarlas.
El visitar lugares nuevos durante
los paseos también puede ser muy estimulante
para el perro, ya que el perro encontrará nuevos
olores, nuevos perros y nuevas personas.
- Ajuste de la dieta conforme
a la edad y actividad física (Pozuelos y Álvarez,
2007).
- Adiestramiento en obediencia
(Pozuelos y Álvarez, 2007) para poder tener un
control sobre el perro. Hay que evitar el adiestramiento
clásico basado en el ensayo y error, es decir,
la NO utilización de técnicas aversivas
o coercitivas para que no le suba el estrés.
Hay que tener presente que un perro estresado pierde
en el aprendizaje por falta de concentración.
Dicho adiestramiento hay que realizarlo con refuerzo
positivo ya que el mismo se utiliza para incorporar
una conducta nueva, aumentar una existente o eliminar
una conducta inapropiada incompatible.
Por ejemplo, el perro nos pone las patas encima y en
vez de meterle un rodillazo en la quilla (aplicación
de un castigo para suprimir esta conducta) se procedería
a reforzar con comida, caricias o juego al perro cuando
se sienta (en el mismo instante en que adopta la posición
deseada) si no se tiene un control sobre el perro. A
base de asociaciones el perro dejará de subirnos
las patas encima y se sentará. Si se tiene un
control sobre el animal se le ordena que se siente y
se le premia. El permanecer sentado es una respuesta
incompatible, ya que no puede estar sentado y ponernos
las patas encima a la vez.
Otra causa para la no aplicación
del castigo es que la conducta de subirse al propietario
es una parte del display del saludo gregario. Significa
que el perro quiere subir para lamer la comisura de
los labios de la persona para demostrarle su sumisión.
Esta señal ha evolucionado de la antigua emitida
por el cachorro para hacer que el adulto regurgite comida
después de una cacería y poder de esta
forma alimentarse. Luego, mediante la evolución,
esta señal se extrapola a la conducta sumisa
del cachorro con el adulto o a la del subordinado con
el dominante (Pozuelos, Álvarez, 2.007). No me
gusta entrar en el antropomorfismo pero esto es como
“si al llegar al trabajo por la mañana
y le diéramos los buenos días a nuestro
jefe, el mismo nos respondiera dándonos una colleja”.
Qué prefiere el lector que su jefe le dé
por las mañanas, ¿una colleja o los buenos
días?
- Controlar el juego en nuestra
presencia (Pozuelos y Álvarez, 2007).
Es bueno estimular a los perros
mentalmente con juego, sesiones de grupo con el propietario,
con otras personas y otros perros. Esto por supuesto,
siempre bajo supervisión del propietario ya que
si el perro se altera se le aplicaría: o bien
un castigo negativo (se le quita algo positivo al perro)
que sería atarlo y llevárselo, dándose
la interacción por finalizada o bien si se tiene
el control sobre el animal, se le puede ordenar que
venga (llamada), que se siente y permanezca en quieto
hasta que el mismo se calme.
- Si el perro busca continuamente
la atención del propietario se debe tratar ignorando
esta búsqueda permanente para no premiar su conducta
e iniciando la atención por el dueño (Pozuelos
y Álvarez, 2007).
- Establecimiento
de la jerarquía. Las ventajas fundamentales de
una jerarquía bien estructurada son:
• Aumento
de la sociabilidad.
• Más disposición
al trabajo.
• Aumento de las ganas de complacer.
• Inhibición de la agresión.
• Equilibrio emocional.
• Se minimiza el castigo y así
como la aplicación de refuerzos negativos.
6) Contenciones.
Algunos autores y adiestradores
recomiendan que se realicen rituales de dominancia y
control, sometiendo al perro para que aprenda a controlarse.
En esta contención se trata de mantener al perro
volteado sobre el suelo (boca arriba) hasta que deje
de intentar zafarse y adopte una actitud de sumisión,
como por ejemplo lamernos las manos o calmarse y cuando
realiza esta conducta liberamos la presión y
acariciamos como premio (Álvarez, 2007). Esta
contención suele ser bastante difícil
de realizar a causa de que el animal se suele debatir
frenéticamente hasta que empieza a encajarla,
eso si llega a encajarla claro.
Partiendo de la base de que el
principal objetivo de la Etología Clínica
es el diagnóstico, “prevención”
y tratamiento de los problemas de comportamiento, personalmente
no recomiendo la aplicación de esta contención
por este motivo y por los siguientes que paso a mencionar:
- esta contención es un
castigo. El mismo está contraindicado en el tratamiento
y puede agravar la situación.
Por ejemplo, un propietario se
la realiza a su perro y éste le pega un buen
mordisco (agresividad redirigida). “Quieres caldo,
pues toma dos tazas, ahora en vez de una terapia pues
vas a tener que aplicar dos”. La forma de “prevenir”
que esto no ocurra, es muy fácil, no se contiene
al perro de esta forma y punto.
Es más, hay que tener presente
que las conductas tensas o impredecibles, como es el
castigo, pueden exacerbar un problema existente e intensificar
las conductas agresivas. La agresión o conductas
agresivas permiten al perro conseguir el control de
la situación. La reacción que el perro
manifiesta como resultado puede reforzar la conducta
y aumentar la probabilidad de que el perro escoja este
modelo de conducta en situaciones comparables en el
futuro. No hay que castigar ya que se corre el riesgo
de lesión.
Para explicar lo anteriormente
dicho, quiero hacer mención a la Ley del Efecto
de Thorndike: toda conducta premiada tenderá
a repetirse y toda conducta castigada tenderá
a eliminarse y/o a derivarse hacia otra.
- Además por otro lado,
como Homo Sapiens que somos no quedaríamos muy
bien ya que, aunque la inteligencia sea cualitativamente
la misma que en el Canis Familiaris, nosotros que somos
bípedos, poseemos algo que nuestro amigo cuadrúpedo
le falta, que es una inteligencia cuantitativamente
superior. Somos la especie elegida y por eso se nos
ha dado el don del habla ¿no? Pues bien, hay
que tener muy presente que este tipo de contención
puede provocar más ansiedad y frustración
en el perro (derivando incluso en otros problemas de
comportamiento, como por ejemplo agresividad, estereotipias
o coprofagia) a causa de que la hiperactividad la puede
tener por una causa orgánica. Si es por esta
causa personalmente pienso que “quedamos a la
altura del betún” ¿Dónde
está aquí nuestra inteligencia cuantitativamente
superior?
- para ejercer el liderazgo no
hace falta someter a un perro de esta forma. Sabemos
que el perro como animal gregario necesita un líder
ya que si no lo tiene, ya se encargará el mismo
de adjudicarse ese rol y por supuesto, nos traerá
muchos quebraderos de cabeza. Hay otras maneras de ejercer
el liderazgo y es controlar el acceso a los recursos.
Esta técnica ha sido denominada de manera variada
“aprender para ganar” (Campbell, 1973),
“nada en la vida es gratuito” (Voith y Borchelt,
1.982) y “protocolo de deferencia” (Overall,
1.997). La deferencia se fomenta en el perro controlando
los recursos que el valora y todas las interacciones
se empiezan y se detienen por el propietario (Mertens,
2.002).
En caso de la aplicación de alguna contención,
sugeriría, que se le realizara las que llamamos
“las milagrosas palmaditas de contención”.
Estas se basan en estimular al animal con el juego y
darle unas fuertes palmadas con la mano abierta en ambos
costados, a la altura de las costillas, lo suficientemente
contundentes como para que el perro note nuestra fuerza.
El perro pensará lo siguiente: si mi propietario
está de buen humor y me da estas “leches”,
no quiero ni pensar lo que me puede llegar a hacer el
día que se enfade conmigo. Le estamos realizando
al perro toda una exhibición de fuerza en un
tono amistoso que le dará al perro una idea de
lo que somos capaces de llegar a hacer.
7) Pronostico.
El pronóstico es bueno siempre que el propietario
del animal tenga paciencia, constancia, no pierda los
nervios y haya un cambio de actitud en el mismo, no
reforzando más las conductas de exceso de actividad
y se apliquen las pautas nombradas anteriormente.
En todas las terapias de conducta se tarda un tiempo
en ver los resultados (días, semanas e incluso
meses, dependiendo claro, del problema o problemas que
tenga el perro y otros muchos factores más como
por ejemplo, la edad, el sexo, el aprendizaje del animal
en ese comportamiento), no en “5 minutos”
como lo hace el Señor Cesar Millán (que
se autodenomina psicólogo y conductista canino)
en la televisión, por lo que es muy importante
la involucración del propietario, que el mismo
no se canse y abandone la terapia antes de tiempo.
Agradecimientos.
Por mi parte creo que sería
un egoísta si no agradeciera en este artículo
-el primero que escribo y espero que no sea el último-
a todos los Profesores y Profesoras que me han inculcado
todos los conocimientos que tengo hasta el día
de hoy (no voy a nombrarlos a todos ya que ellos ya
lo saben) pero quiero agradecer en particular a mi primer
Profesor, Amigo y Eterno Aprendiz como el que suscribe,
el haberme enseñado e introducido en este fabuloso
mundo de los perros ya que sin su ayuda, mucha paciencia,
conocimientos y ganas de enseñar no hubiera sido
posible. El mismo se llama José Campeny Marín
y en la actualidad es Guía de Perros de Explosivos
del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil. También
este artículo va dedicado a mi fiel Amigo y Compañero
Airon, mi Pastor alemán de 6 años, aunque
el no llegue a saberlo nunca.
Bibliografía
Abrantes, R. (2003): Manual de
Comportamiento Canino. Kns Ediciones. 1ª Edición
en lengua castellana.
Álvarez, R. (2007): en:
Inhibición de la mordida (www.aepe.net). Consultado
el 10/02/09.
Horwitz, D. Mills, D. Heat, S. (2006): Manual de Comportamiento
en Pequeños Animales. Ediciones S de la Edición
Española.
Manteca, J. (2003): Etología
Clínica Veterinaria del Perro y del Gato. Multimédica
Ediciones Veterinarias. 3ª Edición.
Pozuelos, A. y Álvarez,
R. (2007): Manual de Etología Canina. Clínica
de la Conducta. Adiestramiento del Perro. Gráficas
Alhambra. Granada.
Pozuelos, A. (2006): en: Voy a
romper una lanza. (www.aepe.net). Consultado el 10/02/09.
Pozuelos, A. (2008): Curso Máster
de Etología Canina Avanzada. (www.aepe.net).
Consultado el 10/02/09.