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Problemas de conducta asociados a hipotiroidismo en perros
 
   
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INTRODUCCIÓN

Perro hipotiroideo
Fig. 1. La letargia, el aumento de peso y la alopecia aprurítica son signos habituales del hipotiroidismo.

Fig. 1. La letargia, el aumento de peso y la alopecia aprurítica son signos habituales del hipotiroidismo.

El hipotiroidismo es el problema endocrino más frecuente en perros1. Más del 95% de los casos adquiridos son de origen primario (tiroideo) y aunque puede afectar a perros de menos de dos años de edad, la edad más típica de presentación es entre los cuatro y los ocho años2.

Cualquier raza puede desarrollar hipotiroidismo, pero algunas de las que presentan una mayor prevalencia son: Dobermann, Golden retriever y Labrador retriever, Cocker spaniel y el grupo de los terrier 3,4. En estas razas la edad a la que se manifiesta el problema puede ser menor que en el resto de animales.

Clínicamente el hipotiroidismo canino se manifiesta de forma muy variable y su presentación depende de múltiples factores, desde la edad del animal al comienzo de la enfermedad o la magnitud del proceso hasta la duración del mismo o la raza del perro afectado. Los síntomas más habituales conciernen a los siguientes sistemas y aparatos:

• Sistema metabólico general: intolerancia al ejercicio, intolerancia al frío, letargia, aumento de peso (sin aumento de apetito o de ingesta), etc.
• Piel: pelo seco y sin brillo, hiperqueratosis, hiperpigmentación, seborrea seca, alopecia aprurítica simétrica, mixedema facial, etc. (Fig. 1)
• Aparato reproductor: anestro persistente, galactorrea, ginecomastia, etc.
• Aparato cardiovascular: bradicardia sinusal, bloqueos aurículo-ventriculares, aterosclerosis, etc.
• Sistema neuromuscular: neuropatías periféricas, signos vestibulares, convulsiones, cojera, etc.

También pueden presentarse alteraciones oculares, gastrointestinales y de la coagulación 3,4. La presencia de problemas de conducta asociados al hipotiroidismo todavía esta sujeta a mucha controversia.

HIPOTIROIDISMO Y ALTERACIONES DE LA CONDUCTA

Uno de los manuales sobre endocrinología y medicina interna más habitualmente utilizado por los veterinarios clínicos 5 no recoge en ninguno de sus capítulos las alteraciones de la conducta como signos reconocibles del hipotiroidismo, a excepción de la letargia (siempre que sea considerada como una alteración del comportamiento). Para otros especialistas en endocrinología, la relación entre el hipotiroidismo clínico y las alteraciones de comportamiento en perros presenta pocas evidencias de relación causal directa y se sustenta únicamente sobre casos clínicos anecdóticos o en la mejoría de los síntomas tras el tratamiento de reemplazo con hormona tiroidea3,4,6. Incluso dentro de los especialistas en etología clínica existen algunas reticencias a aceptar una posible relación entre las hormonas tiroideas y el comportamiento canino, basándose en la falta de influencia que aquellas tienen en la conducta del resto de mamíferos7. En medicina humana se ha sugerido una relación entre la disfunción tiroidea y algunos trastornos psiquiátricos (entre ellos la depresión) que no resulta fácil de probar7,8.

El hipotiroidismo y su relación con la agresividad y miedo en caninos Tiroides S.N.C

Fig. 2. Mecanismo bioquímico observado en ratas responsable de la relación entre el hipotiroidismo experimental y la agresividad y el miedo (DA: dopamina)

 

Sin embargo, los mismos autores que critican la falta de evidencias señalan que estudios realizados en ratas ponen de manifiesto que un estado de hipotiroidismo provocado quirúrgicamente (de forma experimental) ocasiona un aumento de la sensibilidad de los receptores de dopamina y un aumento del recambio de serotonina en el cerebro, y que está documentada en varias especies, incluida la canina, una relación inversa entre la agresividad y la actividad serotoninérgica en el sistema nervioso central4 (Fig. 2). Es decir, una menor cantidad de serotonina disponible en el sistema nervioso central incrementaría la agresividad en perros.

 

Dejando de un lado las diferentes opiniones al respecto, las principales alteraciones de comportamiento asociadas al hipotiroidismo recogidas en la literatura hacen referencia a:

a. Problemas de agresividad.
b. Miedo y timidez extrema.
c. Conductas compulsivas.
d. Síndromes similares a la disfunción cognitiva.
e. Problemas de exceso de actividad.
f. Fallos en el aprendizaje.
g. Comportamientos parecidos a las convulsiones6,9.

En el caso concreto de los síndromes similares a la disfunción cognitiva parece ser que la aterosclerosis provocada por la enfermedad tiroidea sería la responsable de ocasionar un daño vascular en el sistema nervioso central que explicaría las deficiencias neurológicas y cognitivas observadas en los animales afectados.

No obstante, y a pesar de las múltiples referencias bibliográficas disponibles sobre hipotiroidismo y alteraciones del comportamiento en perros, en la revisión de los casos clínicos publicados hasta el momento sólo se hace referencia a la aparición de conductas agresivas11,12,13,14,15,16, no mencionándose en ninguno de ellos la existencia de alguno de los otros signos conductuales comentados anteriormente.

HIPOTIROIDISMO Y AGRESIVIDAD CANINA

Se considera que un 1.7% de todos los casos de agresividad canina tienen relación con el hipotiroidismo17. Estos casos de agresión en perros relacionada con una disfunción tiroidea pueden manifestarse de muy diversas maneras. Así, en algunos animales la agresividad presenta características únicas y específicas15, como:

• no ajustarse a contextos definibles (el propietario no puede dar detalles sobre que situaciones provocan la agresividad del perro)
• responder a estímulos inconsistentes (en ocasiones un estímulo puede desencadenar la agresividad, mientras que en otras es otro estímulo diferente el que provoca que el perro sea agresivo)
• ser una conducta aberrante, intermitente y sin provocación (la agresividad puede estar dirigida hacia objetos inanimados18, por ejemplo, el mobiliario de la casa, como observamos en uno de los casos que tratamos en nuestra consulta, o también presentarse de manera imprevisible ante un mismo contexto)

En otros casos, el patrón de la agresividad es muy similar al de la agresividad por conflicto social (también denominada agresividad por dominancia o agresividad hacia los miembros de la familia) o de la agresividad por miedo, siendo prácticamente indistinguible de estos problemas.

Algunos perros pueden, incluso, manifestar una combinación de ambos cuadros, de forma alternativa o simultánea, y en otros lo que puede aparecer es un cambio en el patrón de un problema de agresividad existente previamente. Todo esto ha hecho que algunos autores consideren que en determinados casos el hipotiroidismo podría ser, no ya la causa misma de la agresividad, sino un factor agravante de un problema de conducta anteriormente presente en el animal18.

El desarrollo de la conducta agresiva puede ser rápido y brusco o bien sutil y gradual, apreciando el propietario que a lo largo de un tiempo determinado el animal ha ido incrementando sus reacciones agresivas.

Aunque en ocasiones los animales afectados pueden mostrar, además de la agresividad, uno o más signos característicos del hipotiroidismo, lo que facilitaría el diagnóstico, en otros muchos animales el único síntoma evidente es la agresividad15,18.. De hecho, para un autor la agresividad relacionada con el hipotiroidismo tiene una presentación completamente diferente a otras formas de hipotiroidismo17. Esta falta de signos compatibles con el hipotiroidismo clásico ha llevado a algunos autores a utilizar el término hipotiroidismo subclínico para referirse a aquellos casos en los que la única manifestación de la enfermedad es el problema de comportamiento19.

DIAGNÓSTICO DE HIPOTIROIDISMO EN CASOS DE AGRESIVIDAD

Para los expertos en medicina interna y endocrinología el diagnóstico de hipotiroidismo es un diagnóstico clínico, no de laboratorio3. Esto significa que en los casos habituales de hipotiroidismo, el diagnóstico debe seguir cuatro pasos:

1. Realizar una anamnesis completa y un examen físico exhaustivo que revelen la existencia de signos compatibles con la enfermedad y que ponderen el efecto que sobre esa sintomatología tienen ciertos tratamientos medicamentosos que haya podido recibir el animal.
2. Hacer una analítica general (hematología, bioquímica, urianálisis) en la que se observen datos laboratoriales característicos del hipotiroidismo, por ejemplo, anemia, hipercolesterolemia, alteraciones enzimáticas, etc., y que descarten enfermedades concurrentes.
3. Confirmar el diagnóstico clínico con pruebas específicas tiroideas. Los autores consultados coinciden en señalar la medición conjunta de de T4total y TSH o de T4libre (por diálisis de equilibrio) y TSH como los mejores sistemas de valoración de la función tiroidea5.
4. Valorar la respuesta al tratamiento de reemplazo con levo-tiroxina. Cuando los valores laboratoriales tiroideos no son concluyentes se puede recurrir a hacer esta prueba, pero para que pueda tener un valor diagnóstico deben cumplirse cuatro condiciones:
a. Que existan signos clínicos compatibles.
b. Que no se evidencien otras enfermedades concurrentes.
c. Que pueda monitorizarse un signo o lesión específica.
d. Que los resultados analíticos indiquen una T4total baja o una T4total normal y anticuerpos antitiroglobulina positivos o una T4total normal y una TSH alta
Bajo esas condiciones, si los signos desaparecen al instaurar el tratamiento y reaparecen al suspenderlo podemos confirmar el diagnóstico de hipotiroidismo.

Ahora bien, ¿qué ocurre en aquellos casos en los que el único signo de enfermedad es la agresividad? El problema radica en cuál sea nuestra consideración acerca de la conducta agresiva. Si consideramos la agresividad como un posible signo de hipotiroidismo podríamos seguir los pasos recién comentados para llegar a un diagnóstico preciso. Incluso en el caso de que la analítica tiroidea no fuese definitiva, se podría hacer una prueba de respuesta al tratamiento con levo-tiroxina valorando la evolución de la agresividad que confirmara el diagnóstico. Pero si, como muchos internistas y endocrinólogos veterinarios, no consideramos la agresividad como un signo propio del hipotiroidismo entonces todo este protocolo diagnóstico quedaría invalidado desde el inicio, ya que clínicamente no deberíamos plantearnos el hipotiroidismo entre los posibles diagnósticos diferenciales.

Según Dodman, podríamos hacer un diagnóstico de hipotiroidismo subclínico siempre y cuando se dieran las siguientes condiciones19:

• El nivel de T4total se encuentre en el percentil 25 inferior del rango normal incluso aunque el animal sea joven o de mediana edad, físicamente activo y con buena salud.
• El perro manifieste conductas compatibles con ansiedad o agresividad.
• El animal muestre dos o más signos físicos del hipotiroidismo clásico.

CONCLUSIONES

Existen múltiples alteraciones del comportamiento que en los últimos años han sido asociadas con el hipotiroidismo, pero sólo la agresividad ha sido descrita en los casos clínicos publicados hasta el momento.

Si admitimos que estos síntomas conductuales pueden ser propios de una disfunción tiroidea sería muy recomendable incluir un perfil hormonal en el protocolo diagnóstico de la mayoría de problemas de comportamiento canino. La realización de estas pruebas adquiriría aún mayor relevancia en los casos referentes a un problema de agresividad y especialmente cuando los animales presenten un patrón agresivo aberrante o inconsistente y/o cuando el diagnóstico conductual sea el de agresividad por conflicto social (dominancia) o agresividad por miedo.

Sin embargo, para muchos especialistas en endocrinología la falta de evidencias directas entre problemas de conducta e hipotiroidismo hace necesario realizar estudios prospectivos sobre este aspecto6. Estos estudios podrían conseguir que se llegase a un consenso en la consideración que deben tener las alteraciones de comportamiento en relación al hipotiroidismo.

Podría ser muy interesante, así mismo, investigar si el hipotiroidismo clínico clásico y el llamado hipotiroidismo subclínico19 corresponden a dos entidades médicas diferenciadas o son simplemente diferentes manifestaciones de una misma patología.

El hipotiroidismo es un problema que en múltiples ocasiones puede suponer un desafío diagnóstico para el veterinario clínico. La ausencia de otros signos en muchos animales que presentan una alteración de conducta y la falta de acuerdo entre los especialistas hace que en esos casos el reto sea aún mayor.

REFERENCIAS

1. Ferguson DC. Testing for hypothyroidism in dogs. Vet Clin Small Anim 2007; 37: 647-669.
2. Chandler EA, Thompson DJ, Sutton JB & Price CJ. Canine medicine and therapeutics. 3rd ed. 1991 Blackwell Scientific Publications.
3. Dixon RM. Hipotiroidismo canino. En Mooney CT, Peterson ME (Eds.) Manual de endocrinología en pequeños animales, 3º ed. 2007 Colección BSAVA S Ediciones.
4. Feldman EC, Nelson RW. Canine and feline endocrinology and reproduction, 3rd ed. 2004 Saunders.
5. Ettinger SJ & Feldman EC. Textbook of Veterinary internal medicine. 6th ed. 2005. Saunders.
6. Scott-Moncrieff JC. Clinical signs and concurrent diseases of hypothyroidism in dogs and cats. Vet Clin Small Anim 2007; 37: 709-722.
7. Overall KL. Medical differentials with potential behavioural manifestations. Vet Clin Small Anim 2003; 33: 213-229.
8. Almeida C et al. Are neuropsychological changes relevant in subclinical hypothyroidism? Arq Bras Endocrinol Metab 2007; 51,4: 606-611.
9. Polsky RH. Does thyroid dysfunction cause behavioural problems? Canine Practice 1993; 18,4: 6-8.
10. Dodds WJ. Thyroid can alter behavior. DVM Newsmagazine 1992; 23: 22-23.
11. Dodman NH, Mertens PA, Aronson LP. Animal behavior case of the month J Am Vet Med Assoc 1995; 207: 1168-1170.
12. Dodman NH, Cottam N. Animal behavior case of the month J Am Vet Med Assoc 2004; 225: 1339-1341.
13. Fatjó J, Amat M, Manteca X. Animal behavior case of the month J Am Vet Med Assoc 2003; 223: 623-626.
14. Fatjó J, Stub C, Manteca X. Four cases of aggression and hypothyroidism in dogs. Vet Rec 2002; 151: 547-548.
15. Beaver BV, Haug LI. Canine behaviors associated with hypothyroidism. J Am Anim Hosp Assoc 2003; 39: 431-434.
16. Indrieri RJ, Whalen LR, Cardinet GH et al. Neuromuscular abnormalities associated wit hypothyroidism and lymphocytic thyroiditis in three dogs. J Am Vet Med Assoc 1987; 190: 544-548.
17. Beaver BV. Canine behavior: a guide for veterinarians. 1999. Saunders.
18. Manteca X, Fatjó J. Difficulties in the diagnosis of dominance aggression in dogs. Proceedings of the 27 WSAVA Congress. 2002.
19. Dodman N. Assessment of hypothyroidism as a factor in behavior problems. http://www.petplace.com/dogs/assessment-of-hypothyroidism-as-a-factor-in-behavior-problems/page1.aspx

Etología Veterinaria (Madrid): Pablo Hernández Garzón

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