Hart (2003):
“Los efectos calmantes de los animales son especialmente
valiosos con los niños que muestran alteraciones
de falta de atención e hiperactividad y trastornos
de conducta y han servido de base para intervenciones
terapéuticas. Una amplia serie de estudios en
un entorno educativo ha mostrado que los animales atraían
y mantenían la atención de los niños
y dirigían su atención al exterior (Katcher
& Wilkins, 1997). Calmar a los niños fue
un primer paso esencial. Una vez que su atención
había sido movilizada y dirigida hacia fuera,
la agitación y las agresiones disminuían,
mejorando el entorno educativo. Las mejoras en la conducta
se generalizaron a otras situaciones pedagógicas,
pero no a todas”.
Sabemos que los niños
y los adolescentes con Trastornos Déficit de
Atención (T.D.A) e Hiperactividad (H) tienen
problemas psicosociales y suelen mostrar: impulsividad,
agresividad, impaciencia, trastornos conductuales, falta
de tacto en el trato con otras personas, búsqueda
de sensaciones nuevas por lo que suelen adoptar comportamientos
de riesgo, conductas desafiantes, baja autoestima, problemas
en la atención, concentración, aprendizaje
y en el rendimiento; lo que provoca fracaso escolar
y conflictos en las relaciones interpersonales, entre
otros problemas.
También estos niños
y adolescentes suelen tener ansiedad, estrés
y depresión y un animal de compañía
tiene un impacto directo tanto en la respuesta psicológica
como en la fisiológica, reduciendo estas sintomatologías.
Friedmann (2003) dice a este respecto: “la
observación implícita o el estar en presencia
de animales tiene un impacto directo tanto en la respuesta
fisiológica (Friedmann et al., 1983b) como en
la salud psicológica: menor ansiedad (Sebkova,
1977) y menos depresión (Holcomb et al., 1.997)”.
Serpell (2003) dice respecto al estrés: Los animales
de compañía pueden proporcionar a las
personas una forma de apoyo social que reduce y amortigua
el estrés (McNicholas & Collis, 1995; Serpell,
1996; Siegel, 1990).
El acariciar a un animal
es beneficioso para la salud y el bienestar de una persona
ya que la calidad de relaciones sociales depende en
gran parte del tacto. Las sesiones de Terapia o Educación
son una gratificación táctil, con valor
terapéutico, tanto para la mejora de la salud
psicológica como en la física. Fine (2003):
“Baun et al. (1984) opinan que los animales poseen
un efecto tranquilizador sobre las personas y reducen
su nivel de excitación. Los datos de su estudio
relacionaron el contacto táctil con un perro
con bajas presiones sanguíneas inducidas experimentalmente”.
Los Objetivos a alcanzar
en las sesiones de Educación o Terapia Asistida
con Animales con este colectivo, son entre otros, los
siguientes:
• Mayor
motivación, atención y concentración
en su entorno inmediato.
• Incremento en la motivación
frente a actividades como la lectura, el aprendizaje
y el trabajo en equipo, mejorando
la capacidad para seguir instrucciones.
• Reducción de la impulsividad
y la agresividad.
• Mejora de la autoestima y la
autodisciplina.
A los animales de compañía
y para alcanzar los objetivos anteriores, se pueden
aplicar en las sesiones de Educación o Terapia
de las siguientes maneras:
Como Fuente de Tranquilidad
y Atención.
Serpell (2003):
“Los animales pueden inducir un estado de relajación
inmediata, psicológicamente tranquilizador, por
el simple hecho de atraer y mantener nuestra atención
(Katcher et al., 1983)”.
Los animales de compañía
son de gran utilidad ya que atraen y mantienen la atención
de niños o adolescentes con T.D.A.H, llegando
a mejorar el entorno educativo y terapéutico.
Es más, la atención dirigida hacia un
perro, se asocia a una inhibición del comportamiento
del niño y/o adolescente, ya que éste
no sabe, ni puede predecir, que va ha hacer el animal.
Katcher y Wilkins (2003) dicen a este respecto:
“La atención dirigida a los animales se
asocia con una inhibición del comportamiento
porque el niño no sabe que va ha hacer el animal.
El animal constituye un estímulo que presenta
novedades constantes. La inhibición del comportamiento
crea un espacio de tiempo durante el cual el niño
puede formular preguntas acerca del animal. El animal
crea una “necesidad de saber” o una curiosidad
que solo puede ser satisfecha si el niño formula
las preguntas adecuadas”.
Como Objeto transicional.
El utilizar a un perro como objeto
transicional puede convertirse en una defensa muy efectiva
contra el estrés, la ansiedad y la inseguridad,
siendo éste para el niño y/o adolescente
una forma segura e inocua de reducir estos síntomas.
Es más, un animal “les abre la puerta”
facilitando la expresión de sentimientos y explicándole
experiencias que no le han contado al Terapeuta.
También usando a un perro
como objeto transicional se puede trabajar con los niños
y los adolescentes: la atención, la concentración,
el fomento de la autodisciplina, el aumento de la autoestima,
la sensibilidad, el amor sin propiedad, el compartir
vivencias y posesiones, el área socio emocional,
el reforzamiento lógico matemático, la
capacidad de cálculo matemático y el asociar
números a cantidades; el respetar turnos y el
seguimiento de instrucciones; programas de lectura y
dicción, entre otras múltiples aplicaciones.
Como Elemento no Amenazador
y Compañero de Juego.
Para que el tratamiento
sea más efectivo es bueno disponer de un marco
en el que el niño o adolescente no se sienta
amenazado o desafiado. Sabemos que los animales son
menos desafiantes que los humanos lo que permiten mejorar
su habilidad de relacionarse sin amenazas. Seguidamente,
es más fácil que trasladen su interés
hacia otros seres vivos, como el educador o terapeuta,
lo que facilitará la comunicación entre
ambos, haciendo el animal de “lubricante social”.
Katcher y Wilkins (2003) dicen a este respecto:
“Puesto que la presencia del animal dirige la
atención del niño hacia el exterior, reduce
el nivel de excitación y permite que el niño
perciba con más precisión el comportamiento
de los terapeutas y otros niños, inhibiendo de
esta manera la utilización de los prejuicios
negativos acerca de la intención del terapeuta.
Esta tendencia favorecía el desarrollo de una
red de atribuciones positivas hacia el animal, el personal
relacionado con los animales y los otros niños”.
En cuanto a la utilización
de un animal como compañero de juego, sabemos
que es más efectivo que los juegos o juguetes
tradicionales ya que al ser un ser vivo provoca una
gama de reacciones más amplia; así como,
es capaz de proporcionar mucha interacción. Katcher
y Wilkins (2.003) dicen: “La manera de
jugar de los niños TDAH y trastornos de conducta
tienden a hacer atribuciones negativas acerca de sus
compañeros, sus padres y los adultos, proyectando
hostilidad y justificando su propio comportamiento agresivo.
La gente relacionada con los animales es percibida de
forma positiva, y al introducir los animales en la terapia
existe una mayor interacción positiva entre el
paciente y el terapeuta”.
Como Potenciador del Aprendizaje.
Ruckert (2007):
“En el curso de mis investigaciones y entrevistas,
he comprobado que entre los animales y los niños
se forma un vínculo especial que contribuye a
un aprendizaje saludable. Desde el momento en que el
niño o la niña se encuentra con el animal,
éste le servirá de maestro, amigo y terapeuta”.
También Melson (1990) nos dice que un
perro es beneficioso para el desarrollo del niño.
Sabemos que un animal
de compañía no solo modifica el entorno
educativo y terapéutico sino que además,
en niños con T.D.A.H., les puede ayudar a aprender
nuevas habilidades y a reducir los problemas de comportamiento.
Burch (2003) dice a este respecto: “Además
de ayudar en el aprendizaje de nuevas habilidades, la
presencia de animales en entornos terapéuticos
puede ser útil para reducir problemas de conducta
de los pacientes”.
En un niño con
problemas de comportamiento el hecho de realizar una
actividad encaminada a cuidar, alimentar, cepillar o
prepararle la cama a un perro, no solo aumenta la autoestima,
fortalece la socialización y desarrolla la empatía;
si no que estas actividades son las adecuadas en el
tratamiento de personas con un comportamiento antisocial,
un pobre sentido de la responsabilidad y un bajo nivel
de autoestima. Katcher y Wilkins (2003) dicen: “La
competencia conseguida a través del dominio del
miedo, el aprendizaje de los comportamientos necesarios
para cuidar a los animales y el incremento de la habilidad
para experimentar una interacción social gratificante
con los animales, con el personal y con otros niños,
aumentaría la autoestima y la probabilidad de
que el niño deseara aprender en otros contextos”.
Además, es aplicable
en niños en los que el habla controlada no está
bien desarrollada, pudiéndose utilizar un perro
para potenciar el aprendizaje. El niño le daría
órdenes y el animal las cumpliría (siéntate,
échate, vete a tu sitio, saluda, tráeme
la pelota, etc.). Katcher y Wilkins (2003) dicen:
“Descomponiendo el proceso de aprendizaje en unidades
en las que el educador explica y muestra cómo
actuar, se ayuda al niño a desarrollar una capacidad
para el habla controlada que es la guía del comportamiento
moral y favorable a la resolución de problemas
en los niños normales (Vygostky, 1986)”.

Airon saludando
Como Modelo.
Un ejemplo de la utilización
del perro como modelo lo podríamos obtener cuando
tratamos de fomentar la autodisciplina en el niño
o adolescente. El simple hecho de adiestrar a un perro
en la obediencia hace que perfeccione su capacidad de
autodisciplina, además de fomentar la concentración
y la seguridad.
También en un niño
que fracasa por falta atención y concentración
en la realización de ejercicios matemáticos.
Con un perro se puede trabajar esta área como
modelo, realizando el siguiente ejercicio matemático:
En una pared de la sala se ponen los número del
0 al 9 y los signos de la suma (+), resta (-), división
(:) y multiplicación (x). Se le pregunta al niño
que quiere que calcule el perro. El niño, por
ejemplo, le contesta que quiere multiplicar 25 por 4.
El perro le dice al niño el resultado, 100, tocando
con el hocico los números, 1, 0, 0. Seguidamente,
es el animal, tocando mediante el hocico, el que le
dice al niño el cálculo que tiene que
hacer. Si el niño se equivoca, el perro le puede
ayudar hasta lograr el fin, que el niño realice
correctamente el cálculo.
Al Canis Familiaris también
se le puede utilizar como modelo para trabajar con niños
que tengan problemas de lectura. Aquí tenemos
a Airon “leyendo una revista”
Como Cómplice.
Con estos niños se puede
utilizar al animal como cómplice. Por ejemplo,
en el ejercicio matemático anterior el/la terapeuta
les puede pedir que hagan uno o dos cálculos
juntos. El niño dice los resultados y el perro
los marca con el hocico.
Otro ejemplo sería que
el niño y el perro han estado jugando con unas
pelotas. Una vez finalizan el juego, al niño
y al perro se les puede pedir que las guarden en un
cajón. Ambos participan en el seguimiento de
instrucciones habiendo una complicidad entre ellos.
Como Reforzador de Conductas.
Con este colectivo de niños
utilizando a un Canis familiaris como reforzador de
conductas se pueden trabajar muchos aspectos: la atención,
concentración, bajada de la ansiedad, aumento
de la autoestima y confianza en sí mismo, la
autodisciplina, el seguimiento de instrucciones, entre
otros.
En un niño hiperactivo
que ya tiene interés por el animal y quiere jugar
con él; el terapeuta, antes de iniciar el juego,
puede pedirle que permanezca sentado durante un tiempo
y de este modo trabajar la tranquilidad y el seguimiento
de instrucciones.
Por otra parte, en un niño
con T.D.A., si el objetivo es trabajar el mantenimiento
de la atención durante un tiempo, la concentración,
la responsabilidad y el aumento de la autoestima, se
le podría asignar la tarea de alimentar al animal,
rellenando un juguete interactivo del perro con bolitas
de pienso y que una vez ha finalizado de rellenar, se
le da al perro para que saque las bolitas de su interior.
El perro al tocar el juguete con la pata o el hocico
hace caer las bolitas de pienso y se las come, reforzando
la conducta del niño.
En definitiva, la utilización
de animales de compañía, especialmente
el Canis familiaris, como herramienta al servicio del
Educador/a o Terapeuta potencia el aprendizaje, modifica
el entorno educativo y terapéutico y facilita
que se logren los objetivos más rápidamente,
Resultando especialmente útil en niños
con Trastornos Déficit de Atención e Hiperactividad,
mejorando su calidad de vida y su integración
social.
Bibliografía
Cusack, O. (2008): Animales de
Compañía y Salud Mental. 2ª Edición.
Fundación Affinity.
Fine A. H. (2003): Manual de Terapia
Asistida por Animales. Fundación Affinity.
Levinson, B.M (2006): Psicoterapia
Infantil Asistida por Animales. Fundación Affinity.
Ruckert, J. (2007): Terapia a
cuatro patas. 2ª Edición. Fundación
Affinity.
Rodrigo, M. & Signes, M. A.
(Agosto, 2009) en: “Animales de Compañía
y Niños: Una Relación Educativa y Terapéutica”
(www.ataaasafor.es). Consultado el 05/09/09.